Madrid, 28 de abril de 2019
La sede del PSOE olía a café recalentado y a prudencia. No hubo abrazos largos ni consignas gritadas al techo. Pedro Sánchez miraba la pantalla como quien observa una radiografía: sabía leer lo que otros celebraban sin entender. Al otro lado de la ciudad, Albert Rivera estaba solo. Había mandado salir a casi todos. En la mesa, dos cifras escritas a mano: 123+57=180. Ciudadanos había fracasado ese domingo en su principal objetivo declarado en estas elecciones: sumar para conseguir una mayoría alternativa que pudiera echar a Pedro Sánchez de la Moncloa. Y ahora resultaba que la suma daba con Sánchez, y no contra él. El teléfono vibró cerca de la medianoche. “Tenemos que hablar”, dijo Sánchez. Rivera tardó un segundo más de lo necesario en responder: “Mañana”. Esa demora mínima fue lo más cerca que estuvo España de repetir elecciones. No hubo foto sonriente. Hubo un despacho neutro y una mesa demasiado grande. Los asesores hablaban de relato, pero ninguno de los dos parecía intere...