Lisboa
Estábamos a punto de aterrizar. Yo estaba sentado en la primera fila de business, así que la posición era privilegiada para controlar el momento en que ella pasase por el pasillo para salir del avión. Fingí que estaba muy ocupado con mi teléfono móvil mientras miraba de reojo a todo los pasajeros que iban pasando. En cuanto la vi a ella, me levanté, cogí mi mochila y salí del avión. Era realmente guapísima, toda de negro, con unos leggins apretados, una blusa larga y floja y unas zapatillas de correr, con pinta de no haber corrido nunca. Supuse volaba por turismo, y supuse, porque me interesaba, que nadie la estaría esperando a la llegada. En general odio aterrizar en medio de la pista y tener que usar un autobús que nos lleve hasta la terminal, pero en este caso resultó ser una coartada perfecta para entablar conversación. La localicé al fondo del autobús y fui hacia allí. El cruce de miradas y sonrisas cuando la dejé pasar en la puerta de embarque en Madrid, me facilitaron inic...