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Mostrando entradas de junio, 2015

Tuit & Shout (1)

La civilización humana desaparecerá cuando le echemos botánicos al cocido. España iría mucho mejor si el ingenio y la gracia que desplegamos en Twitter y en los bares los aplicásemos en el trabajo. Convocadas elecciones en Mallorca para elegir nuevos Duques de Palma. Flexionar es lo que haces con el brazo al beber una cerveza. Reflexionar es cuando bebes más de una. Lo mejor de las monarquías europeas: la megalomanía de sus reyes, que nos han dejado para la posteridad unos maravillosos palacios reales. Envidio a los racistas y sectarios. Como consideran a todos los demás seres inferiores, no sienten la desigualdad ni las desgracias ajenas. Ya no habrá guerras. Sólo opas hostiles. No es lo mismo defender los intereses de los Ciudadanos, que defender los intereses de Ciudadanos. Solución para los partidos políticos: concejales y diputados menores de 14 años. Son inimputables. La soledad es el dolor de tu inteligencia cuando no le basta con tu propio cerebro para sobrevivir. La...

El Muro

(Escrito en 1988) Uno. Tomaron el ascensor hasta el tercer piso. Una vez arriba, caminaron indecisos por el largo pasillo hasta encontrar la puerta con el número que buscaban. Entraron. Había conocido a aquella chica pocas horas antes, en una de las muchas fiestas que sus amigos organizaban en los clubs privados a los que todos pertenecían, y que constituían uno de los vínculos más importantes entre casi todos ellos. La chica era muy bonita, unos quince años más joven que él. Mientras cumplían a la perfección todas las reglas del ritual que los había llevado allí pudo comprobar que aquello que abrazaba y besaba entre las sábanas, mudos testigos de tantas historias, era un cuerpo perfecto. Ambos se dejaron llevar por la inercia de la propia escena hasta que, más tarde, todos los parámetros tomaron de nuevo los valores de la realidad, de ese equilibrio inestable en el que se desarrolla la vida a este lado. Mientras la chica fumaba un cigarrillo con gesto de indifer...

La venganza de la vecina del quinto

(Escrito en 1988) Hoy hacía un año. La hipertensión y el estrés la habían empujado por aquella ventana. O tal vez había sido la depresión. O las pastillas de colores. En cualquier caso, hoy hacía un año que su vida vulgar, llena de resentimiento y odio hacia casi todos los que la rodeaban, se había terminado. Había tenido pocos amigos de esos que se llaman auténticos, más bien no había tenido ninguno, y sus escasos conocidos no habían sentido mucho su muerte. Simón, su vecino del cuarto, tampoco. Hoy, como casi todos los días, las paredes del viejo edificio retumbaban por efecto de aquella música estruendosa que provenía del cuarto piso. Molestaba a todo el mundo excepto, claro está, a Simón, que en ese momento estaba en su habitación, medio tirado en una silla de oficina, leyendo una revista y asintiendo vehemente con la cabeza a cada uno de los acordes de esa música feroz que para él era toda una declaración de principios. De repente, la música comenzó a sonar aceler...