Una profesión de alto riesgo

Si clasificamos a las personas en función de la actividad de escritura literaria, divulgativa o periodística, me salen los siguientes grupos:

A. Los que nunca escriben.
B. Los que escriben pero nadie les lee.
C. Los que escriben y tienen lectores.
     C.1. Los que no ganan dinero con ello.
     C.2. Los que ganan dinero con ello.
             C.2.1. Los que reciben un sueldo o fee de un medio de comunicación o similar.
             C.2.2. Los que reciben royalties por la venta de sus publicaciones.

La inmensa mayoría de la gente está en el grupo A. Muchos porque no tienen nada que contar por escrito, otros porque, aún teniendo algo que contar, les da pereza o les falta tiempo. En esa masa silenciosa siempre habrá gente dispuesta a dar el salto del grupo A al grupo B y de ahí al C.

En el grupo B se encuentran millones de aspirantes a "escritor leído", que hacen sus pinitos en distintos formatos: Twitter, Facebook, blogs, webs, fanzines, boletines, revistas, periódicos, que autopublican relatos y novelas, o que incluso llegan a gastar dinero pagando a una editorial o imprenta para intentar (sin éxito) que sus letras acaben en las estanterías de alguien.

En este grupo B hay personas que aspiran (legítimamente, en algunos casos) a pasar a formar parte del grupo C, pues consideran que lo que escriben es lo suficientemente interesante como para ser leído por terceros. Esto no deja de ser un acto de fe presuntuoso, pues pensar que eres interesante por lo que escribes es tan vanidoso como pensar que eres muy atractivo por tu físico, pero tiene una nota intelectual algo superior, y eso a veces sirve para justificarse.

Más allá nos encontramos con el grupo C. Personas que escriben y han logrado que otras personas lean lo que escriben, y en algunos casos notables, que incluso lo entiendan y lo aprecien. Llegar a este nivel, aún en el subnivel no remunerado, supone un subidón de autoestima fenomenal. Si has escrito algo alguna vez y alguien lo ha leído, sabes bien a qué me refiero.

La mayor parte de los integrantes de este grupo se ubica en el apartado C.1. Son los que no ven un duro por el acto de escribir, bien porque no tienen ingresos o bien porque los que reciben sirven exclusivamente para cubrir gastos de edición.

En el subgrupo C.1 hay escritores que no se plantean llegar a tener ingresos y se conforman con escribir y ser leídos, motivados por un ego mesiánico, o por una gran generosidad intelectual y/o divulgativa, o porque dar el salto a tratar de ser remunerados no les interesa o no encaja con sus principios, o más habitualmente porque aún conservan una mínima capacidad de autocrítica y reconocen que lo que escriben no tiene suficiente nivel como para competir por el dinero.

Junto a los anteriores, en el grupo C.1 se encuentran (muy a su pesar) los escritores que realmente intentan que la gente pague por leer lo que ellos escriben pero que, o bien no lo consiguen, o lo hacen en cuantía insuficiente como para llegar a ganar dinero.

Finalmente, llegamos al subgrupo C.2, la élite, los semidioses. Gente que gana dinero por escribir. El sueño dorado de muchos escritores B o C.1, el Olimpo de los elegidos.

Pero no nos engañemos. El C.2 está compuesto principalmente por escritores del grupo C.2.1, que son los "asalariados de la tecla", que no reciben dinero de sus lectores sino de los medios de comunicación en los que escriben, y que a su vez tampoco suelen recibir dinero directamente del lector final, sino de la publicidad que otras empresas colocan junto a los textos escritos por el C.2.1 de turno. 

Donde realmente está la "crème de la crème" de la escritura es en el grupo C.2.2, los creadores independientes (o no) y únicos, que se ganan la vida porque los lectores pagan por leer sus escritos, específica y directamente (bueno, no tan directamente, por el medio suelen estar el librero, el distribuidor, el editor...).

Llegar a ser un C.2.2 y sobre todo mantenerse como C.2.2 ha sido siempre una tarea hercúlea, pero en estos tiempos convulsos y digitales en los que vivimos, es aún más complicado, porque aparte de la evidente necesidad de superar el listón de la calidad que debe tener lo que escribes para que te paguen por leerlo en cuantía suficiente como para ganar dinero con ello, hay estas otras cinco barreras que antes no existían o lo hacían en menor medida que ahora: 

1. Hay cada día más gente que ni leyó, ni lee, ni leerá. Ni siquiera gratis, así que mucho menos pagando. Si la población mundial no para de crecer, es evidente que este "nicho" de la población también crece, y me da la sensación de que lo hace a un ritmo superior al del grupo que sí lee. 

2. Hay cada vez más personas que no tienen ningún interés en pagar por leer. No tengo ninguna estadística sesuda en la que apoyarme, pero creo que es así, y no tengo más que pensar en mí mismo como lector para darme cuenta de ello.

3. Vivimos con prisa en una sociedad en la que todo debe ser inmediato, y en muchos casos eso hace que, como lectores, no pasemos del tuit, del titular de prensa o como mucho del artículo (si no es muy largo), dejando cada día menos tiempo disponible para la lectura prolongada de un mismo texto, que es a lo que se suelen dedicar (y por lo tanto vender) los escritores C.2.2.

4. Los C.2.2 tienen cada día más competencia de escritores B o C.1 que usan medios digitales para acceder al público de forma masiva e inmediata con relativa facilidad. Que una novela o un ensayo de pago de un C.2.2 venza a la cantidad de terabytes de literatura digital disponible, tanto gratuita como de pago, inexistente hace dos décadas, es un reto formidable.

5. El tiempo pasa, y la gente se muere. Y entre los muertos hay antiguos escritores C.2.2, cuyas obras perduran, e incluso ganan en notoriedad e interés (en nuestra sociedad, morirse suele hacer que te valoren más). Si alguien tiene un rato para leer, tal vez no elija la última novela de moda de un escritor de moda, y prefiera aprovechar para meterse algún clásico (que muy probablemente le cueste menos dinero, o incluso sea gratis).

En definitiva, esta es mi teoría: cada día hay un menor porcentaje de gente interesada en leer, de estos sólo una pequeña parte está dispuesta a pagar por ello, los potenciales lectores son gente con prisa que le va a dedicar sólo un pequeño porcentaje de su tiempo a la lectura, cada día hay más oferta muy accesible y en muchos casos gratuita de competidores vivos, y la oferta de competidores muertos no para de crecer y revalorizarse.

Desde mi humilde perspectiva de C.1 bajo, ser escritor es una profesión de alto riesgo. Si eres C.2.2 o sueñas con llegar a serlo, que la fuerza te acompañe.


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